La distribución de la Inequidad en Nuestras Ciudades

El año pasado viajé por primera vez a Río de Janeiro. Aunque el idioma en las calles era diferente, volver a Latinoamérica, me hizo sentir más cerca de mi casa. El clima cálido y húmedo, la música en las calles, la calidez humana, los vendedores ambulantes, el ruido, el ritmo más calmado de la gente, la pasión por el fútbol… en fin, todo me recordaba a Colombia, específicamente a Barranquilla o a Santa Marta. Durante todo el viaje tuve la sensación de haber estado antes en esas calles, aunque fuera mi primera vez en Brasil. Viviendo en la lejanía y el frío constante de San Francisco y de su gente, esta cercanía a mi hogar me llenó el corazón y fue justo lo que necesitaba para reencontrarme. 

Sin embargo, también fue un frustrante recordatorio de los problemas de Colombia y de América Latina y el Caribe. Al igual que Colombia, Brasil es un país altamente desigual y aunque me encontré con algunas problemáticas sociales muy similares, como la economía informal o de rebusque, el acoso policial y la pobreza, me impactó cómo la inequidad se expresa de manera diferente en cada ciudad y me hizo cuestionarme qué modelo de ciudad promueve una mayor conciencia social y cuál es más efectivo para enfrentar la inequidad.

El choque de realidades en Río de Janeiro:

En ambos países, la pobreza y la inequidad son palpables. Sin embargo, en Río de Janeiro, la desigualdad se hace evidente desde el primer momento. Detrás de Copacabana, el barrio más turístico y uno de los más opulentos de la ciudad, queda Cantagalo-Pavão-Pavãozinho, que es un conjunto de barrios humildes comúnmente conocidos como favelas. Esta cercanía entre barrios ricos y pobres se repite en toda la ciudad. Desde la comunidad Rocinha, la favela más grande, se puede ver el colegio más costoso de la ciudad, y un puente peatonal es la frontera entre la pobreza y la riqueza.

Para un turista, esta cercanía física impacta y no se puede ignorar la inequidad de la ciudad ni la situación de desventaja en la que viven muchas personas. ¿Será que esta cercanía física tiene el mismo efecto para los privilegiados de la ciudad? ¿Será que tener de frente una constante evidencia del nivel de privilegio propio y del nivel de pobreza de otros aumenta la empatía? Tal vez esta cercanía hace tan evidente la inequidad que logra incomodar y promover cambios. Sin embargo, al mismo tiempo, sentí una mayor represión policial que en Colombia. Por ejemplo, a las 9 de la noche, en plena zona turística, había policías con metralletas patrullando y deteniendo carros, cosa que no es común en las ciudades principales de Colombia.

La burbuja de la indiferencia en Bogotá:

En contraste, en ciudades como Bogotá, y muchas otras en Colombia, no es común que un barrio privilegiado quede a pocos pasos de un barrio en pobreza extrema. Esto sucede en algunas áreas y ciudades, pero por lo general, hay una mayor segregación entre clases sociales y una concentración de la pobreza en ciertas áreas de las ciudades y en las periferias urbanas. 

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Esta segregación permite que la gente privilegiada viva en una burbuja, alejada de la realidad de otras personas que viven en condiciones opuestas. Es más fácil ignorar la pobreza y la inequidad si no es visible. Una persona privilegiada que no sale de su sector de la ciudad tiene poco contacto con la pobreza y puede ser ignorante de las condiciones de vivienda, saneamiento, infraestructura vial y otros aspectos clave que afectan la calidad de vida de la población más vulnerable.

¿Cuál modelo de ciudad es mejor para enfrentar la desigualdad?

Ante estos dos «modelos» de ciudades, surge la interrogante: ¿cuál es más efectivo para abordar la inequidad y trabajar por su reducción? En Río de Janeiro, la visibilidad de la pobreza puede generar una conciencia más aguda de la situación, lo que puede ser un primer paso para impulsar cambios sociales y políticos. Sin embargo, puede que esta proximidad genere aumentos en la presencia excesiva de la policía y en la discriminación. 

Por otro lado, en ciudades donde la segregación es más marcada, como Bogotá, existe la necesidad de generar una mayor conciencia sobre las disparidades y la responsabilidad de los sectores privilegiados en la construcción de una sociedad más equitativa. La ignorancia es una excusa perfecta para desconectarse de la realidad del país. 

Conversando sobre este tema, una amiga me dijo que, para ella, ni la proximidad ni la visibilidad tienen efectos sobre la empatía o la indiferencia de las personas más privilegiadas. Por ejemplo, en Estados Unidos, aunque en una escuela pública asistan estudiantes con recursos y sin recursos, el sistema educativo se encarga de replicar la segregación de la sociedad, y por lo general, los estudiantes forman grupos por separado. 

Al final, tanto Río como Bogotá tienen complejidades y desafíos específicos, pero en ambos casos, la pobreza y la desigualdad de oportunidades son problemas que aún siguen vigentes. ¿Será que la proximidad y la visibilidad no tienen efectos en la empatía y la conciencia social? ¿Cómo construimos una mejor sociedad?

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